El precursor de un irónico museo sobre la tediosa burocracia alemana

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Si Alemania es famosa por sus salchichas, más lo es por su burocracia. Hace poco, el Gobierno Federal lanzó la Ley de Alivio de la Burocracia IV, un conjunto de normas destinadas a liberar a empresas y ciudadanos de obligaciones superfluas. El problema es que el paquete de medidas se queda corto, por no decir que ha fracasado debido a la resistencia de los departamentos competentes. Hay estados federados que han logrado cortar algunas patas al pulpo, pero, en general, los funcionarios no asocian cumplimiento de las normas y eficacia.

En Alemania hay casi 1.800 leyes federales con unas 50.000 normas individuales. Esto tiene consecuencias, para la salud mental de los ciudadanos y para la competitividad de las empresas. Según una encuesta de Civey, el 43% de los alemanes se siente frustrado por la excesiva burocracia a la que han de hacer frente día a día y por esa misma razón el 60% de las empresas se piensa dos veces antes de invertir en este país.

Tan arraigada está la burocracia en Alemania, tanto forma parte de su identidad como sociedad, que la Neue Soziale Marktwirtschaft (INSM), organización de presión financiada por las asociaciones patronales de la industria metalúrgica y eléctrica, ha decido dedicarle un museo en Berlín, aunque la idea es más bien encerrarla y exponerla como debería ser en el siglo XXI, como una pieza de museo.

Para que el visitante se ponga en situación, al recinto se entra por un árbol hueco, pues sólo para imprimir lo que produce en papel el monstruo burocrático alemán se han de talar cada día 52 árboles. En el interior, todo es burla. Además de una «sala de espera, espera, espera…» en la que aguarda su turno un hombre ya esqueleto de tanto esperar, hay un «molino de autoridades», se puede asistir a un curso de lengua «burocrática» o recorrer como un caracol el camino desde una solicitud hasta una autorización por el «aparato estatal». No falta «el pensador» de Rodin rebautizado como «el faxista» y un rincón con una trituradora de papeles junto a pilas de documentos. Entre lo más destacado de la exposición está la sala «Papá Estado», donde los visitantes pueden ponerse párrafos de leyes y normas como grilletes.

Bucear entre las distintas autoridades requiere paciencia y nervios de acero. «Un día llega la Seguridad e Higiene en el trabajo y dice que hay que poner baldosas estriadas para que los empleados no resbalen. Pero luego llega la Autoridad Sanitaria y explica que las baldosas lisas son necesarias por razones de higiene y hay que volver a modificar o esperar a que unos y otros se pongan de acuerdo», cita Thorsten Alsleben, director general de la INSM, como ejemplo.

Muchos servicios, como renovar el permiso de conducir o un documento de identidad, requieren citas presenciales y conseguir una a corto plazo es solo una cuestión de suerte. Dar y contactar con la autoridad que proporciona la cita requiere una media de dos horas y 21 minutos de teléfono y la lista de espera es de meses.

Alemania llega tarde a la digitalización de las administraciones públicas. Las máquinas de fax siguen siendo habituales y esto, incluso para el templo de la burocracia que es Bruselas, se pasa de castaño oscuro. La UE aprobó en 2017 una ley que obligaba a las autoridades a digitalizar unos 580 servicios para finales de 2022. A principios de 2024, solo 81 estaban plenamente operativos en Alemania.

 

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