Menos público y derrumbe de ventas en la peor edición de la Feria en dos décadas

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Finalizó de la Feria Internacional del Libro 2024, una temporada que difícilmente sea recordada entre las mejores de los últimos tiempos, por más que algunos números digan lo contrario. En esta 48° edición, 1.126.351 personas concurrieron al predio de La Rural durante los 19 días que duró la Feria (del 25 de abril al 13 de mayo), según anunció Fundación El Libro, organizadora del evento cultural más importante del país y de América Latina. Fueron muchos los expositores que expresaron dudas sobre esa cifra.

De todos modos y a primera vista, el dato podría parecer alentador si se tienen en cuenta los siguientes factores: la crisis económica –sumada a una virtual estanflación– que parece no tener fin, con una inflación interanual superior al 200%, el valor de las entradas y de los libros es cuatro veces más caro que el año pasado: 5.000 pesos el ticket los fines de semana versus 1.200 pesos en 2023. Si con ese panorama, la caída de la asistencia fuera de menos del 10% con relación a los 1.200.000 asistentes en la temporada anterior, hasta podría ser una buena noticia. Si fuera…

Lo que sí es cierto es que el público siempre dice presente en la Feria. La gente se la rebusca como puede: aunque no compren libros, consideran que su presencia en La Rural forma parte de sus vidas. Por eso, hacen el sacrificio de pagar la entrada con tal visitarla. O se amontonan en las jornadas de entrada libre. Eso se vio con claridad durante la Noche de la Feria que generó desde las 20 del sábado 27 de abril un aluvión de visitantes.

Pero hay otros datos que preocupan, ya que el sector editorial, que venía arrastrando una caída del 30% de ventas antes de la apertura de la Feria, percibió un desplome que ronda el 20% y en algunos casos, supera el 50%.

Muchos expositores coinciden con estos números: en una recorrida que Clarín Cultura realizó por varios stands de la Feria, las grandes editoriales reconocen que el impacto se ha sentido y ha sido duro, con algún repunte que otro cuando la tendencia de venta de libros venía claramente en picada.

Por eso, “celebran” haber finalizado un 20% abajo respecto a las ventas del año anterior. Pero las editoriales más pequeñas sintieron este mazazo de la caída de ventas de libros como si fuera un golpe de knock out.

Qué dicen los stands

Por sexta edición consecutiva, el stand Orgullo y Prejuicio, que comercializa alrededor de 500 títulos de 83 editoriales con temática LGTBQIA+ y Educación Sexual Integral (ESI) y además ofrece distintas charlas sobre diversidad de género, dijo presente en el Pabellón Ocre de la Feria, un paso “obligado” de todos los visitantes cuando ingresan a la Feria por la entrada de la avenida Santa Fe.

Los libros arrancan en $5.000 pero, este año, la venta de ejemplares sufrió una brutal caída: este año se vendieron 1.128 títulos frente a los 2.560 ejemplares de 2023. “Los libros salen diez veces más caros: uno que antes salía 2.000 pesos ahora sale 15.000”, afirma una de las cajeras. “Todos sabíamos que la situación es complicada. Pese a esta enorme caída, la gente se ha acercado y le interesa nuestros libros. Por lo general se llevan algo”, dijo Lupe, la nueva encargada del stand 3024.

Bruno, encargado de El Aleph (stand 408, Pabellón Azul), calificó esta Feria como “horrible, la peor de mi vida”. “Estamos 50% menos de ventas que el año pasado. No vendimos ni con saldos ni con ofertas ni con líneas. Es la mitad de ventas porque la gente no tiene plata, entonces no tiene para gastar”, argumentó.

“El libro no es un bien necesario, no es como ir al supermercado. Es un bien de lujo: te lo permitís si podés. Acá la gente pasea y no gasta”, continuó. El mismo encargado de El Aleph también señaló que el acceso gratuito de lunes a jueves 20 a 22 favoreció una mayor concurrencia de público. “Muchos querían comprar y vinieron a gastar porque no querían pagar la entrada”. ¿Qué lleva la gente? “Los clásicos de siempre y las mesas de ofertas para chicos entre 5.000 y 10.000 pesos”.

Cúspide (stands 811 Pabellón Verde y 700 Azul) también sufrió el impacto. “En los primeros días estábamos un 25% abajo. Después del feriado por el 1 de mayo, que fue el primer día fuerte, notamos un poco más de gente y empezamos a recuperar: hoy estamos en casi un 7% en unidades abajo. Podríamos estar un poco mejor pero el día del paro (jueves 9 de mayo) se vendió menos”, dijo Alejandro Costa, gerente de Ventas Retail de esta cadena de librerías, uno de los “tanques” que tiene la Feria.

La caída también se siente respecto a tickets o ventas de libros, con un desplome del 20%, cuando stand de Cúspide arrancó con caídas de ventas del 40%. “Este año hubo menos gente en la Feria pero lo pudimos recuperar con todas las promociones bancarias que tenemos. Por eso vinieron a Cúspide”, argumentó Costa. De hecho, Cúspide tenía promociones exclusivas como Galicia Nave, que ofrecía un jugoso descuento del 40% para la compra de libros con tope de 125.000 pesos y 50.000 pesos en reintegros.

¿Los más vendidos? La felicidad (Gabriel Rolón, 504 unidades), Un lugar soleado para gente sombría (Mariana Enríquez, 450 ejemplares vendidos) y En agosto nos vemos (Gabriel García Márquez, 430 títulos vendidos).

Otro factor que repercutió en la caída de ventas fue la escasa concurrencia de los integrantes de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip): se calcula que unas 800 bibliotecas no recibieron el subsidio del 780.000 pesos que otorga el Estado para la compra de libros por presentar irregularidades. Por lo tanto, no fueron a la feria. Además, el año pasado estuvo el programa “Librero amigo”, ausente en la 48° edición. Por lo que el impacto de ventas de libros fue mayor.

Es una feria ajustada y a la vez, cascoteada”, asegura una fuente de larga trayectoria como expositor en la Feria del Libro y también en el sector editorial. Y agrega: “Al ajuste además le llegaron otros ajustes como el de la Conabip, las no visitas y un paro general, donde la gente no podía llegar a la feria porque no había transporte público”.

Salvataje de los escritores locales

La ausencia de notables escritores internacionales, de extensa trayectoria o de Premios Nobel de la talla de Mario Vargas Llosa también se sintió en la Feria. Su visibilidad impacta en el brillo de la muestra. Sin embargo, la presencia de autores locales, otros del género juvenil o bookfluencers fueron los pilares de la Feria: lograron el repunte cuando la mayoría preveía una mayor “catástrofe” de ventas. Para muchos, son los “salvadores” de la Feria dado que su poder de convocatoria superó ampliamente las expectativas de los organizadores.

En el caso de Penguin Random House (stand 1017, Pabellón Verde), el fenómeno se dio el último sábado con Magalí Tajes, que presentó Animal Espiritual, su última novela juvenil. También, firmó ejemplares durante seis horas en una sala con capacidad para 1.000 personas.

También estuvo Eduardo Sacheri. Al autor de la consagrada La pregunta de sus ojos (adaptada al cine como El secreto de sus ojos, ganadora al Oscar como mejor película extranjera) le habían asignado una sala pequeña pero a raíz de la gran cantidad de fans, Fundación El Libro lo pasó a la Sala José Hernández, con capacidad para 500 personas. Allí mismo, Sacheri, quien presentó Nosotros dos en la tormenta, firmó ejemplares durante unas cuatro horas.

Algo similar ocurrió con la presencia de Reynaldo Sietecase, quien debió abandonar la Sala Ernesto Sábato por otra más grande y así firmar ejemplares por su libro La Rey, de Alfaguara, del sello Random House.

En Penguin también aseguran que En agosto nos vemos, la última novela de García Márquez es el suceso literario del año: “Está primero por mucho en todos los rankings de la librería”, dijo una fuente de la editorial. En tanto, el segundo más vendido del stand es La hechicera de Asturia, Gloria Casañas. Escribir un silencio (Claudia Piñeiro) y Nosotros dos en la tormenta (Eduardo Sacheri) comparten prácticamente el tercer puesto.

Así las cosas, y a pesar del acercamiento masivo de público al stand o para hacer la cola para que sus escritores favoritos les firmen sus libros, en Penguin aseguran que la caída de ventas ronda el 20% respecto a las de 2023.

Perder pero “festejar”

“Ni ahí se compara con la Feria anterior”, aseguró Gabriel, uno de los encargados de Waldhuter (stand 410, Pabellón Azul). Es que la Feria había arrancado muy mal en las primeras cuatro jornadas a raíz de la escasa concurrencia y la falta de dinero, pero la mayoría de los stands coincide que después del 1 de mayo, las ventas mejoraron, especialmente durante los tres sábados –principalmente, el sábado 5 de mayo– debido al cambio de mes, la gente pudo cobrar su salario y entonces el predio colapsado.

“Arrancamos con un 40% abajo, hoy terminamos entre un 25% y 28% de menos ventas de libros. No está tan mal: antes dije que íbamos a terminar en un 15% abajo; si fuera ese número hoy descorcho un champagne”, alentó el mismo encargado. ¿El libro más vendido? Canción Dulce, de Leila Slimani, un libro de la editorial española Cabaret Voltaire impreso en la Argentina. Sale 25.990 pesos.

El próximo gran desafío será la 49° edición que se desarrollará entre el 22 de abril y el 12 de mayo de 2025, también en La Rural. El público no falla, pero el tema en cuestión es que la economía mejore y que la gente pueda comprar libros.

 

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